De Cuba a Madird
Una historia real de empezar desde cero (y no rendirse ni de coña)
Una de las cosas que he descubierto desde que llegué a España es que me gusta escribir. Así, sin más. Contar historias, sobre todo cuando son reales, porque al final son las que de verdad llegan. Yo nunca me imaginé viviendo en España. Y ya si hablamos de Madrid… ni en sueños. Para una chica como yo, de Cuba, con todas las limitaciones que hay para viajar, eso era algo totalmente fuera de mi realidad. Aun así, tampoco fui de las que peor vivía allí. Tuve una madre que es una auténtica crack, una luchadora de las de verdad. Gracias a ella tuve educación y valores, y eso es algo que con el tiempo entiendes que vale más que cualquier otra cosa. Viajar no estaba en mis planes. Mi madre lo intentó varias veces sin suerte, y cuando ya pensábamos que no iba a pasar… pasó. Pero primero se fue ella sola, a la aventura, a un país que no conocía de nada. Para nosotros, salir de Cuba no es como coger un tren e irte a otra ciudad, ni de lejos. En 2010 llegó a Valencia para empezar desde cero. Y empezar de cero no es nada fácil, eso lo sabe cualquiera que haya emigrado. Dejas atrás tu vida entera. Un año después, en 2011, me tocó a mí. Con una maleta, con miedo y sin tener ni idea de lo que me esperaba, me subí a un avión. Tenía 20 años. Dejé atrás a mi familia, mis amigos, mi iglesia… una parte de mí. Cuando llegué, flipé. Todo era nuevo. Todo era diferente. Pero también fue una etapa dura, de aprender a base de golpes, de adaptarte sí o sí. Empecé en Valencia, en Alzira, con mis sueños y muchas ganas. Y en 2012 acabé en Madrid. Y ahí sí que empezó otra historia. Mi madre ya estaba trabajando en un hostal, el Hostal Cibeles, y yo entré también. Me acogieron súper bien, con mucho cariño. La dueña, Mika, me llamaba “la niña”, y la verdad es que me hicieron sentir como en casa. Empecé a trabajar allí sin tener experiencia, aprendiendo sobre la marcha. La hija mayor de Mika me llevó a la oficina y allí conocí a Laura y a Elena, que fueron clave para mí. Aprendí muchísimo de ellas. Y ojo, porque en esa época trabajar en un hostal era otra película. Nada que ver con ahora. No había sistemas automáticos ni nada de eso. Teníamos mil pestañas abiertas: Booking, Hostelworld, Expedia, Agoda… aquello era un caos organizado. Cuando entraba una reserva había que ir corriendo a actualizar todo, porque si no, se liaba una buena. Era un ritmo a tope todo el rato. Ahora todo está mucho más fácil, pero haber pasado por eso te curte bastante. Además, no solo estuve en oficina. También hice recepción y limpieza. Y eso me dio una visión real del negocio. Porque un hostal no es solo gestionar reservas, es todo lo que hay detrás. Cada persona cuenta. Desde recepción hasta quien limpia las habitaciones. Todos hacen que el sitio funcione. Han pasado 14 años desde entonces, y todo eso sigue muy presente en mí. Y también esa sensación de que quería hacer algo más. Por eso decidí formarme como community manager. Quería aprender, reinventarme y encontrar una forma de ayudar. Y cuando tuve que decidir a quién quería dirigirme, lo tuve claro: 👉 Ayudo a hostales en Madrid a crear contenido desde cero. Porque conozco ese mundo desde dentro. Porque sé lo que hay. Porque lo he vivido. No te voy a engañar, empezar da vértigo. Pero tampoco fue fácil todo lo anterior, y aquí sigo. No estoy sola. Tengo a Dios, tengo a mi familia, y tengo claro que no me voy a rendir. Ni de coña. Quiero seguir creciendo, seguir aprendiendo y seguir contando historias que puedan ayudar a otros. Porque la vida cambia sin avisar. A veces te pone todo patas arriba… pero también te abre puertas. Y esto no acaba aquí. Esto sigue. Así que nada… si has llegado hasta el final, gracias por quedarte. Y prepárate, que vienen más historias. Porque Madrid es la caña… y sus hostales tienen mucho que contar 😉